Cómo todos ya sabemos, los pasteles están muy buenos, y más si son artesanales y de calidad. Pero también sabemos que comprarlos en buenas pastelerías supone en este momento, todo un lujo que algunos no se pueden permitir.


Por suerte para estas personas una
pastelería de Logroño, La Rioja ,
está llevando desde hace algunos años, la iniciativa de dar los alimentos no caducados
pero si de menor calidad, a los que más lo necesitan. Dos organizaciones: Cruz
Roja y REMAR y una familia, pasan tres veces por semana a recoger los
dulces que sobran para después repartirlos entre sus miembros. Mantendremos el anonimato de la
familia, pero no el de este comercio llamado
“pastelería RAMFLOR” y que aquí os dejo el enlace de su página “Ramflor
Pastelería” en Facebook.
Un comercio que lleva 30 años
funcionando gracias a la calidad del producto, al esfuerzo de los trabajadores
para ser mejores cada día y a la
confianza de su clientela, los cuales hacen posible que los pequeños negocios
familiares como éste sigan funcionando.
Madre e hijo están llevando
iniciativas para promocionarse entre la gente pero ésta no es una de ellas,
ésta iniciativa tiene más críticos que aduladores. Dicen éstos que ese acto
solidario les perjudica más que beneficia, argumentando: que les hacen perder
posibles clientes que quedan satisfechos con los meros rastros y que sus
productos pierden calidad gracias al ser expuesto como sobras para pobres, entre
otros.
Pero Mª Flor Ramos (jefa del
negocio) que todavía tiene fe en un mundo mejor, no tiene en cuenta dichos
argumentos y aporta los suyos propios, “el cliente que queda satisfecho y
valora el esfuerzo de la pastelería artesanal, seguirá viniendo y comprando si
puede permitírselo, aunque venga menos por la crisis. El que no puede venir
seguirá sin venir pero por lo menos podrá saborearlo. ¿Qué mal puede hacer eso
a alguien? Con lo bonito que es dar”. Su hijo David Nicolás, de 32 años a pesar
de que ha vivido en sus carnes y en las de sus amigos, las consecuencias de una
crisis que se ceba con los más jóvenes y consciente además de la cierta verdad
de las críticas, sigue apoyando la iniciativa de su madre con una sonrisa.
Estos esfuerzos por sonreír cuando
más nos cuesta, por dar cuando supone una pérdida, por seguir adelante por amor
a los que te quieren, son los que hacen de este día un bonito día, y de este
mundo, un mundo mejor en el que vivir. En definitiva un pequeño acto mejora la
vida de muchas personas, una sonrisa, una compra en un pequeño comercio o
simplemente dar un poco de lo que te sobra aunque sea repartir limosna
(Alejandro Sanz), son actos que nos hacen sonreír a todos.
Gracias con el sentimiento más
sincero de amor, a todas y todos los que os esforzáis cada día por sonreír y
ser amables aunque la situación no os acompañe.
Feliz día a todos y todas.
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